Leopoldo López: La dictadura de Maduro es una tragedia global | Opinión

INTERNACIONAL 23 de febrero de 2021 Por Nuewva Herard
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El pasado diciembre tuve la oportunidad, imborrable en mi memoria, de viajar a Cúcuta, con el apoyo de autoridades migratorias de Colombia, y reunirme con centenares de compatriotas que, huyendo de la dictadura de Nicolás Maduro se refugiaron en territorio colombiano.

Mujeres, hombres y niños que hablan de sus padecimientos y repiten incansablemente: hay que seguir luchando, hay que acabar con la dictadura. Esas miradas de angustia, esas voces de dolor, lejos de doblegarme, han fortalecido mi convicción: la lucha debe continuar, a pesar de las enormes dificultades que tenemos por delante.

Esos refugiados constituyen cuadros humanos profundamente significativos. Remiten a una sociedad que ha sido despojada de sus derechos fundamentales. No hay en la historia de América Latina un caso con el que pueda compararse. Según datos del proyecto ENCOVI 2020, alrededor de 95% de la población vive en condiciones de pobreza o extrema pobreza y 58% de los niños venezolanos sufre desnutrición crónica. Hablo de una crisis de dimensiones apabullantes, donde nada es regular ni seguro: ni la energía eléctrica, ni la red de agua potable, ni el acceso a internet, ni el sistema de salud —en estado ruinoso—. Habla de un país sin transporte público y sin combustibles.


La pregunta que deriva de todo lo anterior, es si esta calamidad es un problema de los venezolanos o si su irradiación supera el estrecho marco de las fronteras nacionales, y adquiere las proporciones de una problemática global.

Mi respuesta: es global, no solo por el impacto que la huida de más de 6 millones de personas ha tenido y tiene en decenas de países. Es global porque compromete decisiones y presupuestos de organismos multilaterales y ONG. Y es global, urgentemente global, porque la encabezada por Maduro, es una narcodictadura que, además de acoger a grupos de las ex FARC y del ELN, ha entregado franjas del territorio que ahora mismo sirven de puerto de salida de cargamentos de droga que envían hacia Europa, Centroamérica, México, Estados Unidos y la costa norte de África.

A los dos ya mencionados —la crisis internacional de los refugiados venezolanos y la participación de la dictadura en el narcotráfico— debo añadir otros cinco ámbitos que definen al régimen de Maduro como una tragedia de dimensiones planetarias.

Las naciones democráticas no pueden continuar sin atender a los crecientes vínculos de Maduro con el régimen iraní y con grupos terroristas como Hezbollah, cuyas peligrosas implicaciones de orden militar y geoestratégico son obvias. Irán, que insiste en exportar su revolución, y que ahora ha incorporado a América Latina en su radar, se propone construir bases militares en suelo venezolano. El presidente Iván Duque ha hecho una denuncia que Europa y Estados Unidos deberían escuchar: Maduro está intentando comprar misiles a través de Irán.

El cuarto aspecto sobre el que es urgente reflexionar es el modo cómo los dineros de la corrupción del régimen de Chávez y Maduro ha inundado los sistemas financieros de, al menos, 52 países hasta ahora, y es altamente probable que, a medida que las investigaciones avancen, aparezcan más.

Añádase una quinta y gravísima cuestión: las sistemáticas violaciones a los Derechos Humanos y los crímenes de lesa humanidad, rigurosamente documentados por la OEA, la ONU y otras entidades, delitos que están bajo jurisprudencia internacional, que incluyen torturas, secuestros y desapariciones forzadas, tratos crueles, violaciones y permanentes prácticas de terror social.

Menos visible es la sexta problemática, otra de las tragedias que demanda la actuación internacional: la destrucción de vastas zonas en la región sur de Venezuela, cometida por la minería ecocida que llevan a cabo bandas de delincuentes, con el ELN a la cabeza, y que, además de arrasar con cuencas de ríos, bosques y amplias zonas de la Amazonia venezolana, destruyen poblados indígenas, desalojan a la fuerza a sus habitantes, detienen, torturan y asesinan a sus dirigentes, todo ello con la autorización y la protección militar que les otorga la dictadura.

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