El calentamiento llega a la región más fría del planeta

Ciencia 01 de julio de 2020 Por Beltran Nicolas Ortiz Rivera
Las temperaturas en el Polo Sur han subido el triple que en el resto del mundo en las últimas décadas
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l Polo Sur geográfico no escapa al calentamiento global. Localizado en la meseta antártica, la región más fría del planeta lleva tres décadas calentándose y lo hace a un ritmo que triplica la media del planeta. Investigadores vinculan ahora esta anomalía a cambios en los vientos oceánicos que llevan hasta el interior de la Antártida un aire más cálido y húmedo. En lo que no coinciden los científicos es en el reparto de responsabilidades de esta alteración entre el cambio natural y el cambio climático provocado por los humanos.

 
La temperatura en el extremo más meridional del planeta se viene registrando de forma ininterrumpida desde 1957. En noviembre del año anterior, EE UU había desplegado los primeros módulos de su Estación del Polo Sur Amundsen-Scott a pocos metros del polo sur geográfico. La estación se encuentra en la parte más oriental de la meseta antártica y sobre unos 2.700 metros de hielo. Esta altiplanicie de la Antártida de unos 1.000 kilómetros de diámetro apenas se ve afectada por los vientos oceánicos lo que la convierten en la región más seca y la que registra las temperaturas más bajas del mundo.

Un grupo de investigadores ha analizado ahora los datos meteorológicos de la estación para comprobar que la temperatura media del aire se mantuvo, incluso bajó, hasta 1989. Pero desde entonces no ha dejado de subir. Medida con termómetros en superficie y radiosondas elevadas por globos meteorológicos en la atmósfera más cercana, la temperatura ha subido 1,8º. De hecho, 2018 fue el año más cálido que se recuerda en la estación. Su media térmica fue 2,4º superior a la registrada en los anteriores 40 años.

No está claro cuánto se ha extendido el calentamiento por la meseta antártica, ya que no contamos con registros continuados de temperatura a largo plazo de todo el altiplano”, comenta en un correo en investigador de la Universidad Victoria de Wellington (Nueva Zelanda) Kyle Clem, coautor del estudio publicado en Nature Climate Change. “El tiempo es extremadamente duro en la meseta, lo que hace muy difícil desplegar y mantener estaciones meteorológicas en esta región añade”.

Sin embargo, a cientos de kilómetros de la Amundsen-Scott se halla la estación Vostok. Levantada por los soviéticos un año después que los estadounidenses, es la única que conserva un registro de las temperaturas desde los años cincuenta. Allí fue donde se obtuvo la temperatura más baja registrada en una estación antártica, -89,2º en 1983. Aunque faltan mediciones fiables del periodo posterior a la caída de la Unión Soviética, la base ahora rusa registró también en 2018 los mismos 2,4º de exceso. Además, con los datos parciales de la serie temporal se puede ver que el incremento allí no ha sido cosa de un solo año, aunque en este caso los aumentos parecen concentrarse en la primavera austral (el otoño del hemisferio norte).

Este calentamiento de la zona más fría del planeta arroja aún más confusión sobre lo que está pasando en la Antártida. Con una superficie 27 veces la de España o 7 la de México, el continente se divide en tres áreas geomorfológicas. En la parte nororiental se halla la península antártica, unida al resto por la Antártida Occidental. Ambas zonas cuentan con enormes extensiones de hielo marino. Son también las que más preocupan a los científicos climáticos, ya que llevan al menos desde los años setenta del siglo pasado calentándose. Sin embargo, desde comienzos del actual, el calentamiento se había frenado e incluso revertido en buena parte de ellas. Mientras, la Antártida Oriental, donde está meseta antártica, había mantenido sus temperaturas e incluso agrandado su capa de hielo.

Beltran Nicolas Ortiz Rivera

Director Periodico

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